Cuando los mares se tornan lentos: la desaceleración del comercio marítimo y sus implicaciones globales

comercio marítimo

El comercio marítimo —la columna vertebral del intercambio global de mercancías— enfrenta turbulencias significativas. Según recientes proyecciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el crecimiento del volumen del comercio marítimo mundial se reducirá del 2.2 % en 2024 a apenas 0.5 % en 2025. 

Este lento avance no es un presagio aislado, sino un reflejo de múltiples factores estructurales, geopolíticos y tecnológicos que están reajustando el panorama del transporte marítimo. En este blog, exploraremos las causas, consecuencias y posibles respuestas.

Las cifras clave del comercio marítimo

  • En 2024, el comercio marítimo creció un 2.2 % en volumen, con un alza de 5.9 % en toneladas-milla (la métrica que combina volumen y distancia)  .
  • Para 2025, se estima un crecimiento modesto del 0.5 % para el volumen total marítimo, y del 1.4 % para el comercio en contenedores.
  • A mediano plazo (2026–2030), se proyecta una tasa promedio anual de crecimiento del 2 % para los volúmenes marítimos y del 2.3 % para el comercio en contenedores.
  • En cuanto a la flota global, al 1 de enero de 2025 se reportaron unos 112,500 buques comerciales, con una capacidad total de 2,440 millones de toneladas de peso muerto, lo que representó un crecimiento de 3.4 % interanual.
  • En el frente ambiental, el 8 % de la flota activa (por tonelaje bruto) y el 53 % de los buques en cartera estaban diseñados para funcionar con combustibles alternativos (a 2025).

¿Por qué esta desaceleración?

La caída proyectada en el crecimiento del comercio marítimo no es un accidente: responde a un cúmulo de desafíos interrelacionados:

  1. Tensiones geopolíticas y rutas alteradas

    La inestabilidad en regiones clave (por ejemplo, en el Mar Rojo o el estrecho de Ormuz) ha obligado a las embarcaciones a evitar zonas de riesgo, desviándose por rutas más largas —como rodear el Cabo de Buena Esperanza—, lo cual incrementa el costo, el tiempo y la distancia recorrida.

    Esa reconfiguración de rutas impulsó un récord de aumento del 6 % en toneladas-milla en 2024, casi tres veces más rápido que el crecimiento del volumen.
  2. Volatilidad en tarifas y costos elevados

    Las tarifas de flete, tanto para contenedores como para carga general, se han vuelto altamente volátiles. En 2024, los índices de tarifas se acercaron a los niveles máximos registrados durante la pandemia, aunque más adelante comenzaron a suavizarse, pero sin retornar a los niveles “normales” previos.

    Para algunos mercados —sobre todo en países en desarrollo— estos costos elevados pueden volverse prohibitivos.
  3. Presiones estructurales: energía, transición verde y modernización

    A medida que el mundo busca reducir emisiones, las normas de descarbonización y la transición energética plantean desafíos para la industria marítima. Modernizar flotas, incorporar combustibles alternativos y adaptar tecnologías verdes requiere inversiones cuantiosas y para muchos actores, riesgos elevados.

    La renovación de flotas es paulatina, y a menudo marcada por restricciones financieras, regulaciones ambientales y disyuntivas tecnológicas.
  4. Demandas mundiales moderadas / desaceleración económica

    El comercio marítimo depende de la demanda real de bienes. Si las principales economías crecen a ritmos moderados, la demanda de materias primas, manufacturas y bienes de consumo también se modera, lo que afecta el volumen transportado.

    A su vez, cambios en las cadenas de suministro, políticas comerciales más restrictivas o aranceles también pueden desalentar algunos flujos.
  5. Riesgos operativos y logísticos

    Escasez de mano de obra, congestión portuaria, retrasos administrativos, falta de infraestructura moderna en puertos, amenazas a la seguridad marítima y riesgos tecnológicos (por ejemplo, ciberataques) suman fricciones al sistema.
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Impactos esperados para el comercio marítimo

Esta desaceleración traerá repercusiones en múltiples frentes:

  • Países vulnerables y economías en desarrollo

    Los costos elevados, las rutas más largas y la volatilidad presionarán particularmente a naciones pequeñas, países insulares y economías con menor margen para subsistir ante shocks.

    Para estos países, el transporte marítimo representa un porcentaje significativo de sus costos de importación/exportación, por lo que cualquier alza los erosiona.
  • Negocios y cadenas globales

    Empresas que dependen del transporte marítimo para insumos o exportaciones pueden ver sus márgenes comprimidos por mayores costos logísticos.

    La volatilidad y la imprevisibilidad elevan el riesgo de interrupciones en la cadena de suministro.
  • Presiones inflacionarias

    En algunos mercados, los mayores costos de transporte podrían trasladarse al consumidor final mediante precios más altos en bienes importados.
  • Transición tecnológica y ecológica

    La urgencia por modernizar las flotas para cumplir con estándares ambientales será más imperiosa, pero también más costosa y desafiante para muchos actores.
  • Cambios estratégicos y comerciales

    Los países podrían reconfigurar sus rutas comerciales, buscar rutas de menor costo terrestre o intermodal, diversificar destinos o fortalecer mercados regionales.

¿Qué pueden hacer los estados y empresas?

Para mitigar riesgos y adaptarse al nuevo escenario,  se sugieren estrategias (con base en recomendaciones sugeridas por analistas y el propio informe UNCTAD):

  1. Fortalecer la resiliencia logística
    • Invertir en modernización de puertos, automatización, tecnologías digitales y eficiencia operativa.
    • Optimizar procesos aduaneros, reducir trámites y agilizar formalidades.
    • Mejorar infraestructura terrestre de conexión con puertos para reducir cuellos de botella internos.
  2. Planificación estratégica de rutas y diversificación
    • Monitorear riesgos geopolíticos y flexibilizar rutas.
    • Diversificar destinos de comercio, disminuyendo dependencia de rutas tradicionalmente congestionadas.
    • Valorar alternativas intermodales (mar + ferrocarril, mar + carreteras) para optimizar costos.
  3. Cohesión normativo-regulatoria e incentivos verdes
    • Crear marcos que incentiven la inversión en flotas más limpias (subsidios, desgravaciones, créditos verdes).
    • Coordinar con organismos internacionales para que los estándares de descarbonización sean equitativos y colaborativos.
    • Apoyar la transición energética gradual, evitando saltos disruptivos.
  4. Colaboración internacional y regional
    • Participar en alianzas de comercio marítimo, protocolos comunes y foros multirregionales para compartir riesgos y recursos.
    • Fomentar acuerdos bilaterales o multilaterales para facilitar comercio, evitar aranceles y estabilizar reglas del juego.
  5. Monitoreo constante y escenarios de contingencia
    • Desarrollar modelos predictivos y análisis de riesgo (geopolítico, climático, tecnológico).
    • Tener planes de contingencia para eventos extremos: cierres de rutas, pandemias, conflictos, colapsos portuarios.
    • Mantener flexibilidad financiera para responder a shocks repentinos.

Reflexión final

El comercio marítimo global enfrenta un momento de transición. No es solo una desaceleración temporal: es un ajuste profundo que combina presiones estructurales, tecnológicas, medioambientales y geopolíticas.

Para muchos países y empresas, el desafío será adaptarse sin perder competitividad. Aquellos que puedan modernizar sus infraestructuras marítimas, diversificar sus rutas y anticiparse a los cambios podrán navegar más seguros en estos mares inciertos.

FUENTE: EL ECONOMISTA

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